Con información de EFE
En algunas estaciones de metro de Nueva York, una bailarina muy especial ahuyenta el miedo a la muerte: todos los días, al ritmo de música latina, Julio César Díaz da vida a la muerta Lupita, una Catrina mexicana con la que se funde en un atrevido baile que acapara las miradas curiosas de los transeúntes.
“No he visto nunca a nadie que se ría viendo la muerte, pero aquí sí se ríen al verla bailar”, comenta el artista, originario de Colombia, que en esta ocasión se ha desplazado junto al esqueleto hasta Grand Central, la estación de tren más icónica de la Gran Manzana e imán de viajeros y turistas.
Mientras suenan canciones de músicos como Johnny Pacheco o Alfredo Gutiérrez, el artista da vida a la muñeca y la desliza por la estación de una forma tan orgánica que parece real, envolviéndola entre sus brazos y moviendo su mandíbula y su cuerpo.
Entre la multitud que corre apurada de un lado a otro, muchos viajeros se detienen a observar con curiosidad cómo Julio hace girar a Lupita: unos miran la escena sorprendidos; otros se ríen y graban con sus celulares, e incluso alguno se anima a bailar junto a los protagonistas del espectáculo.
“Mi arte le gusta a todo el mundo, normalmente tengo mucho público. Puede venir a verme un niño de tres años o un abuelo de cien”, asegura. Algunos días su éxito le ha hecho ganar hasta 1000 dólares al día, pero lo habitual es que logre recaudar 100 dólares por día.


