Con información de EFE.

En su primer acto oficial masivo tras la captura de Nicolás Maduro, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, envió un mensaje de desafío a la Casa Blanca. Ante miles de simpatizantes en la capital, Rodríguez afirmó que el destino del país no será decidido por potencias extranjeras.

Aunque ha invitado a Washington a una «agenda de cooperación», su discurso mantiene la retórica de resistencia, calificando a Maduro y Cilia Flores como «rehenes».

El desafío de Rodríguez es doble: mantener la cohesión interna del chavismo —respaldada por su hermano Jorge Rodríguez y la cúpula militar— y gestionar la presión de Donald Trump, quien ha condicionado la estabilidad del país al acceso irrestricto al petróleo.

Mientras tanto, en las calles de Caracas, el oficialismo intenta demostrar unidad para evitar que la transición controlada por EE. UU. desmantele las estructuras de la revolución bolivariana.