Con información de EFE.

En una ceremonia de apenas una hora de duración y sin el ostentoso despliegue de sus antecesores, el conservador Nasry ‘Tito’ Asfura tomó posesión como presidente de Honduras.

El evento, realizado en la sede del Congreso y no en un estadio de fútbol, marcó el tono de lo que será su administración hasta 2030: austeridad absoluta.

Su primer acto oficial tras recibir la banda presidencial fue la firma del decreto para la venta inmediata del avión presidencial, una aeronave adquirida por la gestión de Juan Orlando Hernández que Asfura calificó como un gasto innecesario.

El discurso de Asfura, de solo 12 minutos, fue una mezcla de metas económicas y devoción religiosa. No mencionó a la comunidad internacional ni al expresidente Hernández —recientemente indultado por Trump—, enfocándose en la reducción del aparato estatal y la seguridad ciudadana.

Asfura llega al poder tras un proceso electoral complejo donde venció a Salvador Nasralla por un estrecho margen y bajo acusaciones de fraude por parte del partido saliente de Xiomara Castro, lo que mantiene una atmósfera de vigilancia militar en las calles de Tegucigalpa.