Con información de EFE.
La presión económica sobre Cuba se ha intensificado esta semana con el anuncio de la suspensión de vuelos por parte de aerolíneas rusas y canadienses, debido a la imposibilidad de abastecerse de combustible en los aeropuertos de la isla.
Esta situación representa un golpe devastador para el turismo, sector vital para la economía cubana, que ya venía registrando sus peores cifras en décadas. Las autoridades locales se han visto obligadas a cerrar hoteles y reubicar visitantes como parte de un plan de ahorro extremo ante el desabastecimiento de queroseno y otros derivados del petróleo.
De forma simultánea, la moneda local ha sufrido un desplome histórico en el mercado informal, alcanzando los 500 pesos por dólar, lo que agrava la inflación y la escasez de productos básicos para la población.
La crisis se ha visto acentuada por un déficit energético sin precedentes que ha provocado los apagones más extensos registrados hasta la fecha, dejando a más del 64% del país sin electricidad simultáneamente.
El gobierno cubano atribuye esta parálisis a la falta de diésel y fueloil para sus plantas generadoras, consecuencia directa de las restricciones impuestas al suministro de crudo desde el exterior.
Ante este panorama, el gobierno de la isla ha implementado medidas de contingencia que incluyen el racionamiento severo de gasolina, el teletrabajo y la limitación de servicios públicos a lo estrictamente esencial.
Mientras organismos internacionales y gobiernos europeos desaconsejan viajar a la isla por la falta de insumos, las autoridades cubanas mantienen un discurso de resistencia y soberanía, afirmando estar abiertas al diálogo con Washington bajo condiciones de igualdad. Sin embargo, el malestar social crece ante la falta de alimentos y medicinas, marcando uno de los periodos más difíciles para la nación caribeña en los últimos años.

