Con información de EFE
La ofensiva coordinada entre Estados Unidos e Israel, denominada operación «Furia Épica», ha provocado un impacto devastador en la estructura de mando de Irán desde su inicio el pasado sábado.
Los bombardeos estratégicos, dirigidos a puntos clave en Teherán, Isfahán y Tabriz, han causado la muerte de más de 200 personas, incluyendo no solo a líderes políticos, sino también a una parte significativa de la jerarquía militar del país.
La televisión estatal iraní confirmó el fallecimiento de figuras de máximo nivel, entre ellos el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Mohamad Pakpur, y el ministro de Defensa, Aziz Nasirzadeh.
El ataque también alcanzó a miembros del círculo familiar del ayatolá Alí Jameneí, lo que ha sido interpretado por analistas internacionales como una campaña diseñada para desmantelar por completo la capacidad de respuesta y sucesión inmediata del régimen.
Por su parte, el presidente Donald Trump hizo un llamado directo a la población iraní para que aproveche este debilitamiento institucional y «recupere» su país.
Según el mandatario, la desaparición de los líderes que han regido la nación desde 1989 facilita el camino hacia una resolución definitiva, instando a los ciudadanos a salir a las calles para derrocar lo que calificó como el «régimen de los horrores».
En el terreno militar, el uso de bombardeos de precisión y tecnología de última generación ha permitido a las fuerzas aliadas golpear instalaciones críticas de defensa. Sin embargo, la Guardia Revolucionaria ha jurado venganza, advirtiendo que preparan la mayor operación militar de su historia contra objetivos occidentales, lo que mantiene a la comunidad internacional en un estado de alerta máxima ante una posible guerra regional a gran escala.

