Con información de EFE.
Una avería crítica en la central termoeléctrica Antonio Guiteras provocó este miércoles el colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), dejando sin suministro a unos seis millones de personas. El fallo, originado por un escape en la caldera de la planta ubicada en Matanzas, afectó la red desde Camagüey hasta Pinar del Río, incluyendo la capital, La Habana. La estatal Unión Eléctrica (UNE) informó que se activaron de inmediato los protocolos para intentar restablecer el servicio.
El impacto del apagón fue total, derribando no solo la iluminación de hogares y empresas, sino también los sistemas de telefonía móvil y fija. Incluso las señales de radio y televisión nacional sufrieron interrupciones temporales, dejando a gran parte de la población incomunicada. Horas después del incidente, apenas un mínimo porcentaje de los clientes en La Habana había recuperado la electricidad, mientras el resto del país permanecía en total penumbra.
La situación energética en la isla es alarmante, con registros de cortes que superan las 20 horas diarias en varias provincias. Este incidente no fue un hecho aislado, ya que el sistema venía operando bajo una presión extrema; de hecho, el pasado lunes se registró un récord de afectación del 64% del territorio. La obsolescencia de las plantas y la falta de inversión crónica han convertido las fallas técnicas en una constante que lastra la vida cotidiana.
El gobierno cubano atribuye gran parte de esta crisis al «asedio petrolero» de Estados Unidos, calificándolo de asfixia energética. Sin embargo, expertos independientes señalan que el problema raíz es la falta de mantenimiento de las termoeléctricas, muchas con décadas de explotación. La generación distribuida, basada en motores de diésel, se encuentra prácticamente paralizada desde principios de año por la escasez de combustible importado.
Este nuevo colapso eléctrico profundiza la recesión de una economía que se ha contraído más de un 15% en los últimos seis años. Además de las pérdidas materiales, los apagones prolongados han sido históricamente el detonante de tensiones sociales y protestas en el país. Se estima que sanear el sistema eléctrico requeriría una inversión masiva de hasta 10,000 millones de dólares, una cifra que hoy parece inalcanzable para la administración actual.

