Con información de EFE.

En una maniobra que marca un hito en la historia militar moderna, un submarino de los Estados Unidos hundió un navío iraní en aguas del océano Índico, cerca de las costas de Sri Lanka.

El ataque, que dejó un saldo de al menos 83 fallecidos, ha sido calificado por el Pentágono como una operación decisiva dentro del actual conflicto, demostrando la superioridad tecnológica de la flota estadounidense en mar abierto.

El Secretario de Guerra, Pete Hegseth, destacó la relevancia técnica del suceso al confirmar que se trata del primer hundimiento de un buque enemigo mediante el uso de torpedos desde un submarino norteamericano desde la Segunda Guerra Mundial.

Esta acción no solo representa una pérdida material para Irán, sino que envía un mensaje contundente sobre la capacidad de intercepción silenciosa que posee Washington en rutas marítimas estratégicas.

A pesar de la magnitud del evento y el número de víctimas, la Casa Blanca mantiene una postura firme, asegurando que sus fuerzas están ganando la confrontación de manera «contundente».

Según los informes oficiales, el navío iraní representaba una amenaza para la estabilidad de la zona, lo que justificó el uso de fuerza letal bajo los protocolos de la actual campaña militar denominada por algunos como la «guerra de las ocho semanas».