Con información de EFE.
El Ministerio de Energía y Minas de Cuba reportó este lunes una desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), sumiendo a todo el país en la oscuridad por sexta vez en menos de dieciocho meses.
Las autoridades informaron que se han activado los protocolos de emergencia para intentar restablecer el servicio, aunque advirtieron que las causas exactas del colapso generalizado aún están bajo investigación en medio de un clima de creciente tensión social.
A diferencia de crisis anteriores, el restablecimiento del sistema se enfrenta a un obstáculo crítico: la carencia extrema de diésel y fueloil debido al bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos.
Estos combustibles son esenciales para los motores de generación distribuida y el arranque de las grandes centrales termoeléctricas. Sin estas fuentes de energía de encendido rápido, el proceso de interconexión de las áreas afectadas se vuelve una tarea lenta y técnicamente compleja.
La infraestructura eléctrica cubana ya operaba en condiciones precarias antes del colapso, con nueve de sus dieciséis unidades de generación fuera de servicio por averías o mantenimientos postergados. Esta obsolescencia, sumada al déficit de inversiones que los expertos estiman en más de 8.000 millones de dólares, ha provocado que la economía de la isla se contraiga un 15% desde 2020, generando protestas ciudadanas en ciudades como La Habana y Morón.
El gobierno cubano ha calificado la situación como una «asfixia energética» provocada por las sanciones de Washington, que buscan cortar el suministro de aliados externos. Mientras tanto, la población se prepara para días de parálisis total, ya que el encendido de las termoeléctricas, pilar del mix energético nacional, depende ahora de una logística incierta en un país donde la generación eléctrica ha caído en niveles históricos.

