Con información de Infobae.
En una respuesta directa a las operaciones militares israelíes, el régimen de Irán lanzó una ofensiva a gran escala contra infraestructura energética clave en el Golfo Pérsico durante la madrugada de este viernes.
Los ataques impactaron una refinería saudí en el Mar Rojo, plantas de gas natural licuado en Qatar y refinerías en Kuwait, además de causar daños en instalaciones de Israel. Como consecuencia inmediata, el precio del crudo Brent ha registrado un alza superior al 60% desde que se inició el conflicto armado.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró que las capacidades de Irán para fabricar misiles y enriquecer uranio han sido neutralizadas, aunque la violencia en el terreno continúa cobrando vidas. En Cisjordania, la Media Luna Roja reportó la muerte de al menos cuatro personas tras la caída de misiles iraníes, mientras que el balance de víctimas en Israel asciende a 15 fallecidos. Por su parte, el Pentágono confirmó la muerte de al menos 13 militares estadounidenses en el marco de estas hostilidades.
Ante la volatilidad del mercado energético y la magnitud de la crisis, Netanyahu informó que Israel suspenderá temporalmente nuevos ataques contra yacimientos de gas iraníes, atendiendo a una solicitud directa del presidente Donald Trump. Esta pausa busca estabilizar los precios internacionales de la energía y evitar un colapso en la cadena de suministro global, en un momento en que la economía mundial siente el impacto directo de la guerra en el estrecho de Ormuz y sus alrededores.
La situación permanece en un estado de alta tensión, con las potencias internacionales monitoreando cada movimiento en el tablero de Medio Oriente. Mientras los precios de la gasolina y el gas alcanzan niveles históricos en occidente, la comunidad internacional observa con preocupación la capacidad de represalia de Irán, que a pesar de los daños en su flota, aún logra impactar puntos neurálgicos de la economía energética regional.

