Con información de Infobae.
La tensión en Medio Oriente escaló significativamente tras la advertencia de una fuente militar iraní sobre la capacidad de Teherán para generar una «amenaza creíble» en el estrecho de Bab al Mandeb. Esta declaración responde a los posibles planes del Pentágono de desplegar tropas de la 82ª División Aerotransportada en la región, una medida que Irán interpreta como una provocación terrestre frente a su actual bloqueo del estrecho de Ormuz.
Bab al Mandeb es un corredor vital que conecta el mar Rojo con el océano Índico, siendo la puerta de entrada al canal de Suez por donde transitan millones de barriles de crudo diariamente. Irán ha sugerido que podría abrir «frentes sorpresa» en este punto estratégico, utilizando su influencia sobre el movimiento hutí en Yemen para multiplicar los costos de cualquier intervención estadounidense sin necesidad de exponer directamente a sus propias fuerzas armadas.
La crisis marítima, que comenzó con ataques a buques comerciales bajo la Operación Furia Épica, ha reducido el tráfico en el estrecho de Ormuz en un 95% durante el mes de marzo. Teherán ha formalizado ante la ONU restricciones que prohíben el paso de naves vinculadas a Estados Unidos e Israel, mientras permite el tránsito coordinado de otros países, una táctica que ha disparado las alarmas sobre la estabilidad del suministro energético global hasta 2027.
Analistas internacionales advierten que la expansión del conflicto a un segundo estrecho internacional transformaría la crisis regional en un colapso económico de escala mundial. Mientras los líderes de las potencias del G7 condenan las acciones iraníes, el uso de milicias aliadas en el «eje de la resistencia» permite a Teherán mantener una presión constante sobre las rutas de comercio más importantes del planeta, desafiando la capacidad de respuesta militar de Occidente.

