Con información de EFE.

Durante la cena anual del Comité Nacional Republicano en Washington, el presidente Donald Trump afirmó que las autoridades iraníes tienen la intención de alcanzar un acuerdo, aunque lo nieguen públicamente.

Según el mandatario, este rechazo oficial se debe al miedo de los líderes de la República Islámica a ser víctimas de atentados por parte de sus propios ciudadanos o de fuerzas estadounidenses, calificando la situación como un conflicto de supervivencia personal para los jerarcas de Teherán.

Estas declaraciones surgen en un momento de señales mixtas, luego de que el canciller iraní, Abbas Araqchí, aclarara que el contacto a través de intermediarios no implica el inicio de negociaciones formales.

No obstante, la Casa Blanca ha mantenido una postura optimista, con la portavoz Karoline Leavitt describiendo las conversaciones actuales como «productivas» y confirmando que el canal de comunicación sigue abierto a pesar de las tensiones militares en la región.

En el centro de la disputa se encuentra un plan de paz de 15 puntos propuesto por Washington que aborda el programa nuclear, el desarrollo de misiles y la seguridad en el estrecho de Ormuz. Aunque medios internacionales reportaron el rechazo de Teherán a esta propuesta por considerarla excesiva, la administración estadounidense sostiene que los reportes de prensa no reflejan con total exactitud el contenido del plan, del cual solo algunos elementos han sido validados oficialmente.

Por su parte, Irán ha condicionado cualquier avance a que se reconozca su soberanía sobre rutas marítimas estratégicas y se reparen los daños causados a su infraestructura nacional. Mientras Trump anunció una breve tregua en los ataques a centrales eléctricas a cambio del desbloqueo del estrecho de Ormuz, la realidad en el terreno muestra que las hostilidades continúan, evidenciando la brecha entre la retórica diplomática y las acciones militares.