Con información de DW.
El ministro de Exteriores de Irán, Abás Araqchi, cerró la puerta a cualquier diálogo diplomático al afirmar que «no hay motivos para negociar» con Estados Unidos. Teherán ha ignorado la propuesta de 15 puntos presentada por Washington para finalizar la guerra, calificando los reportes sobre posibles acercamientos como meras conjeturas destinadas a generar división interna en la República Islámica.
Desde el Parlamento iraní, el vicepresidente Ali Nikzad reforzó esta postura radical, asegurando que cualquier decisión sobre la paz o la guerra depende exclusivamente del Líder Supremo. Nikzad fue tajante al declarar que no habrá conversaciones y que el objetivo sigue siendo vengar la muerte de Alí Jameneí, ocurrida al inicio de la contienda el pasado 28 de febrero.
Esta negativa oficial contradice versiones previas del presidente iraní, Masoud Pezeshkian, quien había sugerido una disposición al cese al fuego bajo garantías de no agresión. Sin embargo, el ala más dura del gobierno ha tomado el control del mensaje, descartando contactos incluso con figuras que la prensa estadounidense señalaba como intermediarios en el conflicto.
Mientras la diplomacia se estanca, la situación de figuras críticas en Irán se agrava. Los seguidores de la Nobel de la Paz Narges Mohammadi denunciaron que su salud es precaria tras sufrir un infarto en prisión sin recibir atención adecuada. Su caso se ha vuelto un símbolo del deterioro de los derechos humanos en un Irán que prioriza la confrontación bélica sobre sus compromisos internacionales.

