Con información de El Nuevo Herald.

El emblemático Mandarin Oriental de Brickell Key, un ícono del lujo que durante décadas albergó a estrellas mundiales y obtuvo prestigiosos reconocimientos como la llave Michelin, fue reducido a escombros la mañana de este domingo.

En menos de 20 segundos, una serie de detonaciones precisas y nubes de humo de colores marcaron el fin de la estructura de 23 pisos. El evento fue presenciado por cientos de personas que se congregaron en las inmediaciones del Brickell Bay Walk para ser testigos del fin de una era inmobiliaria.

La demolición, ejecutada por un consorcio de empresas especializadas en colaboración con las autoridades municipales, se realizó bajo estrictos protocolos de seguridad que no requirieron evacuaciones masivas, aunque sí el cierre de accesos clave como el puente de Brickell Key.

La logística incluyó patrullajes marítimos para la recolección de escombros y recomendaciones a los residentes cercanos de permanecer en interiores con ventanas selladas hasta que la nube de polvo se disipara por completo.

Representantes del gobierno local, como el comisionado Ralph Rosado, calificaron la implosión como un símbolo del dinamismo y la evolución constante de Miami como destino global. El vacío dejado por el antiguo hotel no permanecerá por mucho tiempo, ya que se proyecta que antes de finalizar el año inicien las obras de un nuevo complejo residencial y hotelero ultra-lujoso, cuya inauguración está prevista para el año 2030 bajo la firma de Swire Properties y Mandarin Group.

El nuevo desarrollo arquitectónico responderá a las demandas actuales del mercado de alta gama en el sur de Florida, priorizando la exclusividad sobre el volumen. El proyecto contará con dos torres: una dedicada exclusivamente a residencias privadas y otra que albergará un nuevo hotel Mandarin Oriental con una capacidad reducida a 121 suites.