Con información de EFE.

Durante el juicio por el fallecimiento de Diego Armando Maradona, médicos forenses aseguraron que el astro no tuvo una muerte súbita. Los expertos testificaron que el exfutbolista atravesó un proceso de deterioro progresivo con signos de agonía, contradiciendo las versiones iniciales que sugerían un deceso repentino mientras dormía en su domicilio.

Los hallazgos de la autopsia revelaron que Maradona presentaba un edema pulmonar y un corazón con un peso de 503 gramos, casi el doble de lo normal para un adulto. Estas patologías crónicas, sumadas a daños renales y hepáticos, indican que su organismo estaba fallando horas antes del desenlace fatal, sin recibir la atención médica necesaria.

Un dato crucial aportado por los peritos fue la ausencia de contenido gástrico en el estómago del ídolo. Esta evidencia desmiente los testimonios de sus allegados, quienes aseguraron que Maradona había desayunado la mañana de su muerte; los médicos sostienen que pasó varias horas en estado crítico antes de que se solicitara auxilio.

La Fiscalía utiliza estos informes para reforzar la acusación contra siete profesionales de la salud por homicidio con dolo eventual. Entre los procesados figuran el neurocirujano Leopoldo Luque y la psiquiatra Agustina Cosachov, quienes son señalados por la falta de controles y el tratamiento inadecuado que habrían precipitado la muerte del exfutbolista.