Con información del Diario las Américas.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosféca de los Estados Unidos (NOAA) emitió su pronóstico oficial para la temporada de huracanes de 2026 en la cuenca del Atlántico, vaticinando una actividad ciclónica por debajo del promedio general con entre 8 y 14 tormentas con nombre.
El informe meteorológico del gobierno federal atribuye esta disminución a la consolidación de un patrón climático natural en el océano Pacífico conocido como El Niño. Los científicos alertaron que, si el fenómeno se intensifica hasta convertirse en un «súper El Niño», se suprimiría drásticamente la formación de sistemas tropicales durante los meses de agosto y octubre.
El mecanismo de regulación atmosférica responde a que las aguas del Pacífico ecuatorial oriental registran temperaturas superiores a los promedios históricos. Los modelos meteorológicos de largo alcance estiman que las aguas podrían calentarse hasta 2,5 grados Celsius, posicionando al evento de este año entre los cinco episodios más extremos y destructivos observados en los últimos 140 años.
La magnitud estimada del calentamiento llevó al científico Phil Klotzbach de la Universidad de Colorado a calificar al fenómeno con el apodo de «Jurassic El Niño», debido a que generará fuertes ráfagas de cizalladura vertical que desgarrarán los ciclones en el Atlántico.
El pronóstico federal del Servicio Meteorológico Nacional contempla la formación de entre 3 y 6 huracanes en total, de los cuales únicamente entre 1 y 3 alcanzarían la categoría mayor de destrucción en la escala Saffir-Simpson. La estimación gubernamental se acopla a las proyecciones de la Universidad de Colorado, que augura 13 tormentas, contrastando sutilmente con la firma privada AccuWeather, la cual estimó un inventario de hasta 16 sistemas y prevé entre tres y cinco impactos directos en las costas de Estados Unidos. Por el contrario, las condiciones climáticas propiciarán una temporada muy activa en la cuenca del Pacífico oriental.
A pesar de que el desarrollo de El Niño representa una noticia favorable para el estado de Florida al desviar las perturbaciones hacia el océano abierto, las autoridades de gestión de emergencias recordaron que las cifras globales bajas no eliminan el peligro de una catástrofe local.
El director meteorológico de la NOAA, Ken Graham, enfatizó que solo se necesita de un ciclón que toque tierra para destruir una comunidad entera. Los expertos citaron como advertencia histórica lo ocurrido en 1992 con el paso del huracán Andrew de categoría 5, siniestro que arrasó el sur de Florida en un año dominado por El Niño donde solo se formaron siete tormentas.
