Con información de EFE.

El número de bajas tras un intenso operativo militar contra disidentes de las FARC en Colombia se elevó a 20 fallecidos, según confirmó la mañana de este lunes el presidente de la nación, Abelardo de la Espriella. La llamada ‘Operación Azarías’ asestó un durísimo golpe a la estructura del Estado Mayor Central, específicamente en el selvático y peligroso departamento del Guaviare.

El jefe de Estado detalló mediante un reporte preliminar que el despliegue también logró la captura de cinco guerrilleros y la recuperación de dos menores de edad que habían sido reclutados forzosamente por la guerrilla. Las tropas continúan registrando el campamento bombardeado con el objetivo de confirmar si entre los delincuentes abatidos se encuentra el sanguinario cabecilla alias «El Tigre».

Esta ofensiva armada marca un giro drástico y definitivo en la política de seguridad del Estado colombiano, dejando en el pasado la fracasada iniciativa de «Paz Total» impulsada por el expresidente Gustavo Petro. La nueva administración prometió anteponer el poderío letal y la contundencia de las Fuerzas Armadas, rompiendo el domingo formalmente los diálogos de paz con estos grupos.

El ataque gubernamental ocurre pocas horas después de que informes forenses confirmaran el trágico fallecimiento de tres menores de edad durante otro bombardeo previo en la misma región del sur del país. A pesar de las críticas sobre daños colaterales, el gobierno ratificó su determinación inquebrantable de aniquilar a los cabecillas de las organizaciones narcoterroristas.