Con información de Efecto Cocuyo.

La zozobra y el miedo se han apoderado de la ciudad de Doral, conocida como la «Pequeña Venezuela», debido al drástico incremento de operativos y redadas migratorias ejecutadas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

Ciudadanos como Julián Sanabria denuncian que el temor constante los ha obligado a recluirse en sus hogares, restringiendo sus actividades cotidianas y evitando el uso de vehículos para prevenir detenciones y controles policiales en las calles.

Esta parálisis social ha provocado un severo impacto financiero en la región, con una estrepitosa caída comercial de hasta el 60% que ha forzado el cierre definitivo de numerosos establecimientos regentados por la diáspora venezolana.

Ante la profunda preocupación por la seguridad infantil y el miedo a llevar a los niños a los colegios, múltiples madres se han organizado mediante redes vecinales para garantizar traslados seguros, exigiendo respuestas firmes a las autoridades municipales.