Con información de EFE.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que, aunque no forma parte del plan inicial, la administración Trump mantiene «sobre la mesa» la opción de enviar tropas terrestres a Irán.
En su primera comparecencia desde el inicio de la ofensiva, Leavitt subrayó que el Comandante en Jefe no descartará ninguna alternativa militar para asegurar el éxito total de la misión.
El Pentágono, bajo la dirección del Secretario de Guerra Pete Hegseth, ha sugerido que la campaña militar podría extenderse hasta ocho semanas. Hegseth enfatizó que Estados Unidos posee una capacidad de fuego «prácticamente ilimitada» y arsenales estratégicos ubicados en posiciones reservadas, lo que garantiza el dominio total sobre las capacidades defensivas de la República Islámica.
En el plano diplomático, Washington ha negado rotundamente los informes sobre un presunto acuerdo para armar a las fuerzas kurdas en el norte de Irak con el fin de provocar una insurrección interna en Irán. Aunque se han mantenido diálogos con líderes kurdos sobre la seguridad de las bases estadounidenses, la administración asegura que no busca incentivar levantamientos separatistas en este momento.
Por su parte, el Secretario de Estado Marco Rubio informó que la ofensiva ha logrado reducir la capacidad de misiles balísticos iraníes en un 86 %. Según Rubio, el desmantelamiento de la infraestructura nuclear y naval de Irán es la prioridad absoluta, y advirtió que la fase más intensa de los ataques, denominada la «gran oleada», podría ejecutarse en cualquier momento.
Mientras el ejército estadounidense presume su superioridad técnica, el gobierno de Donald Trump ha instado a los contratistas de defensa a acelerar la producción de armamento. La estrategia busca destruir completamente el programa de misiles de Irán, debilitando al régimen hasta que pierda toda capacidad de amenaza contra los intereses de los aliados en la región.

