Con información de Infobae.

Desde el estallido de las hostilidades en Irán a finales de febrero, los conductores estadounidenses enfrentan un panorama crítico en las estaciones de servicio. El precio del combustible ha experimentado un ascenso meteórico superior al 30%, una situación derivada directamente del cierre del Estrecho de Ormuz. Al ser esta una vía por la que transita el 25% del crudo mundial, la escasez ha comenzado a asfixiar la economía doméstica y la logística empresarial en todo el país.

El impacto no es uniforme, pero estados del sur y suroeste, como Texas, Luisiana y Oklahoma —que históricamente gozaban de tarifas bajas—, son ahora los más afectados. En Nuevo México, el incremento ha rozado el 40%, mientras que en Colorado se sitúa en un 35%.

Expertos de GasBuddy advierten que, mientras el Estrecho de Ormuz permanezca bloqueado, la presión sobre los mercados energéticos seguirá castigando el presupuesto de los ciudadanos que dependen de sus vehículos para trabajar.

Las historias de los afectados reflejan una crisis profunda: desde ajustadores de seguros en Dallas que deben recurrir a aplicaciones de transporte para costear gastos personales, hasta mecánicos en Nuevo México que se ven obligados a considerar el traslado de estos costos a sus clientes. El alza no solo afecta el llenado del tanque, que en algunos casos ya alcanza los 200 dólares, sino que encarece toda la cadena de suministros, dado que la gran mayoría de los bienes de consumo en EE. UU. se mueven por carretera.

Ante la emergencia, la administración de Donald Trump ha liberado reservas estratégicas y flexibilizado ciertas sanciones para intentar estabilizar el mercado.