Con información de EFE.

Cuba atraviesa una de sus crisis energéticas más severas de los últimos años tras sufrir su segundo apagón total en menos de una semana.

El Ministerio de Energía y Minas informó que se ha logrado reconectar parcialmente el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) en provincias clave como La Habana, donde cerca del 70% de los clientes ya cuenta con servicio. Sin embargo, la situación sigue siendo precaria en el resto de la isla, con regiones que acumulan más de 48 horas sin electricidad.

La recuperación del sistema se ha visto obstaculizada por el «asedio petrolero» denunciado por las autoridades, que ha dejado fuera de servicio a la mayoría de los motores de generación distribuida por falta de diésel y fueloil.

El colapso se originó por una falla en la termoeléctrica de Nuevitas, provocando un efecto en cascada que paralizó las principales centrales del país. Actualmente, se intenta estabilizar la red mediante «microsistemas» regionales antes de sincronizar las plantas de mayor capacidad.

En medio de la oscuridad, el descontento social ha escalado, registrándose protestas en barrios de La Habana y manifestaciones en localidades como Morón, que terminaron en enfrentamientos y detenciones.

La falta de energía no solo afecta el confort de los hogares, sino que paraliza servicios vitales como el bombeo de agua y la conservación de alimentos. La llegada de ayuda internacional con paneles solares y medicinas ofrece un alivio momentáneo, pero no resuelve el problema estructural de una red obsoleta.

Es de mencionar, que la crisis energética se ha convertido en el principal detonante de tensión política en la isla, evidenciando la fragilidad de un sistema que depende críticamente de la importación de combustibles.