Con información de DW.

La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, ejecutó una profunda reestructuración de la cúpula militar del país, un día después de haber destituido al ministro de Defensa, Vladimir Padrino López.

Estos cambios forman parte de una estrategia de depuración institucional tras la intervención estadounidense que derivó en la captura de Nicolás Maduro. Entre los nombramientos más destacados se encuentra el del mayor general Rafael Prieto Martínez, quien asumirá como segundo al mando de la Fuerza Armada.

El nuevo equipo de jefes militares acompañará al general en jefe Gustavo González López, quien recientemente asumió la titularidad de la cartera de Defensa tras una década de gestión de Padrino López.

Rodríguez, quien gobierna bajo el reconocimiento y la presión de Washington, busca con estos movimientos asegurar la lealtad de la institución castrense a su gobierno de transición. La Fuerza Armada ha emitido declaraciones públicas respaldando las medidas de la mandataria interina y su giro político.

Desde su ascenso al poder a principios de enero, Rodríguez ha impulsado una agenda de reformas radicales que incluyen la apertura del sector petrolero a empresas trasnacionales y la promulgación de una ley de amnistía para presos políticos.

Estas políticas representan una reversión total del modelo aplicado por el chavismo durante las últimas dos décadas. El nuevo Alto Mando Militar tendrá la tarea de supervisar la seguridad interna mientras se reanudan formalmente las relaciones bilaterales con Estados Unidos.

La transición política en Venezuela ocurre en un momento de tensión global, con la Fuerza Armada enfocada ahora en la estabilidad institucional y el alejamiento de las antiguas estructuras de contrainteligencia. Mientras Delcy Rodríguez consolida su gabinete, los nuevos mandos militares han prometido adherirse a la hoja de ruta establecida para la normalización democrática del país, marcando el fin de una era de récords de permanencia en los cargos de confianza militar.