Con información de Infobae.

Donald Trump ha llegado a Londres con una apretada agenda que incluye un suntuoso banquete ofrecido por el rey Carlos III en el Castillo de Windsor y un encuentro privado con el primer ministro británico, Keir Starmer, para discutir la situación internacional.

La comitiva oficial que acompaña al expresidente incluye a importantes figuras de su equipo, como el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario del Tesoro, Scott Bessent; y la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles.

Esta visita es considerada histórica, ya que es la primera vez que un presidente de Estados Unidos es invitado en dos ocasiones por la Casa Real. La visita se produce en un momento de crisis política en el Reino Unido, marcada por los problemas económicos, la inmigración indocumentada y el ascenso de la extrema derecha.

Se ha observado un notable aumento en la inmigración ilegal en lo que va de año, y las políticas del gobierno de Starmer han provocado una caída en su popularidad. Trump ha expresado su simpatía con las consignas coreadas en una reciente manifestación de la extrema derecha.

El presidente estadounidense ha declarado que Starmer debe respetar la «libertad de expresión» (Free Speech), una consigna impulsada por el líder de ultraderecha Tommy Robinson, que implica la posibilidad de cuestionar sin ambages a los inmigrantes sin papeles. Starmer no comparte esta visión y se espera que el tema sea un punto de fricción en su reunión.

Además de la libertad de expresión, Trump y Starmer tienen posturas diferentes sobre la guerra en Ucrania y la situación en Palestina. Mientras Starmer pide mayores sanciones a Rusia, Trump sostiene que Europa debe ser la que inicie las restricciones comerciales a China por su apoyo a Vladimir Putin. Es probable que no se llegue a un acuerdo en este punto clave de la agenda global.