Con información de EFE
La tensión geopolítica entre el gobierno de los Estados Unidos y la administración de Nicolás Maduro ha alcanzado un punto de ebullición en las Naciones Unidas.
Durante una sesión de emergencia celebrada este martes, el embajador estadounidense Mike Waltz dejó clara la postura de la Casa Blanca: se aplicará la «máxima presión» económica para cortar los suministros que financian al gobierno venezolano y a las organizaciones señaladas como el «Cartel de los Soles».
El centro del conflicto radica en la interceptación de buques petroleros. Waltz argumentó que los ingresos provenientes del crudo son el «salvavidas económico» del régimen y que la interceptación de naves como el Skipper y el Centuries es una medida legítima de defensa nacional para frenar el flujo de recursos hacia actividades ilícitas.
Por su parte, el representante venezolano Samuel Moncada respondió con dureza, calificando el bloqueo como un «crimen de agresión» que busca retrotraer al país a un estatus colonial. Moncada advirtió que las acciones de la administración de Donald Trump no solo atentan contra Venezuela, sino que sientan un precedente peligroso para el derecho internacional y la soberanía de todas las naciones del Sur Global.
Según el diplomático, el despliegue militar en el Caribe es una «guerra de saqueo» disfrazada de lucha contra el narcotráfico.

