Con información de Infobae.

El panorama energético regional ha dado un giro significativo con el anuncio del presidente Donald Trump sobre la recepción de más de 80 millones de barriles de crudo provenientes de Venezuela.

Durante su discurso del Estado de la Unión, el mandatario calificó a la nación suramericana como un «amigo y socio», resaltando los beneficios de haber flexibilizado las sanciones el pasado mes de enero. Este acercamiento busca estabilizar los precios internos de la gasolina en Estados Unidos y diversificar sus fuentes de suministro.

La reactivación de la industria petrolera venezolana ha contado con el respaldo de grandes casas comerciales como Vitol y Trafigura, las cuales han comenzado a fletar supertanqueros para la exportación.

Estos buques de gran capacidad permitirán agilizar los despachos desde la terminal de Jose, reduciendo los costos logísticos y aumentando el flujo hacia mercados estratégicos como India. El acuerdo, valorado en unos 2.000 millones de dólares, representa un alivio inmediato para la infraestructura de PDVSA, actualmente bajo supervisión y reformas.

En Caracas, la Asamblea Nacional aprobó una nueva legislación que permite la entrada de capital privado en la explotación de hidrocarburos, alejándose del modelo estatal tradicional. Este cambio jurídico es visto como un paso fundamental para atraer inversión extranjera y reconstruir las refinerías dañadas.

A la par de las importaciones venezolanas, Trump destacó que la producción propia de gas natural y petróleo en EE. UU. ha alcanzado niveles récord debido a su política de expansión de perforaciones.

El mandatario aseguró que esta combinación de producción interna y alianzas externas garantiza la independencia energética del país. Se espera que a partir de marzo el ritmo de envíos desde Venezuela se incremente, consolidando una nueva dinámica comercial en el mercado global del crudo pesado.