Con información de EFE.

La situación energética en Cuba ha alcanzado un punto crítico con el anuncio de la falta total de combustible para aviones en los aeropuertos internacionales de la isla.

Esta escasez es consecuencia directa de las crecientes restricciones impuestas por Estados Unidos, que han cortado los suministros provenientes de Venezuela y presionado a otros proveedores externos.

Como resultado, aerolíneas internacionales han tenido que implementar paradas técnicas en países vecinos para repostar o, en el caso de Air Canada, suspender sus vuelos de forma indefinida.

El impacto se ha extendido rápidamente al sector turístico, uno de los motores económicos de la nación caribeña. Varias cadenas hoteleras, incluyendo la española Meliá, se han visto obligadas a cerrar instalaciones de manera provisional para optimizar los recursos energéticos disponibles, trasladando a sus huéspedes a otros centros. Estas medidas de emergencia ocurren en un contexto donde el arribo de visitantes ya se encontraba muy por debajo de los niveles previos a la pandemia, agravando la falta de divisas extranjeras.

Expertos del Centro de Estudios de la Economía Cubana estiman que el PIB de la isla sufrió una contracción significativa en 2025, proyectando un escenario de incertidumbre para el resto de 2026.

Mientras el gobierno intenta implementar planes de ahorro extremo ante la falta de petróleo, países aliados como México han enviado ayuda humanitaria con alimentos y productos de higiene. No obstante, el agotamiento del modelo económico y la presión externa mantienen a la isla en una de sus crisis más profundas y prolongadas de las últimas décadas.