Con información de Infobae.
La administración del presidente Donald Trump inició un agresivo plan para impulsar el uso de la inteligencia artificial (IA) generativa en el Ejército de los Estados Unidos, con el propósito de acelerar los procesos tácticos de identificación y ataque de objetivos en combate.
Sin embargo, la ofensiva militar ha desatado intensas disputas con las corporaciones tecnológicas de Silicon Valley y alertas dentro de la propia cúpula del Pentágono sobre el riesgo de sistemas letales fuera de control. El conflicto estratégico quedó en evidencia tras confirmarse la cancelación de un contrato de 200 millones de dólares con la firma de software Anthropic.
El Departamento de Defensa ordenó prohibir que las redes clasificadas del gobierno federal utilicen la tecnología de Anthropic, reorientando sus alianzas estratégicas hacia consorcios rivales de la talla de Google, OpenAI y la compañía aeroespacial SpaceX.
Los mandos navales defendieron este giro tecnológico sosteniendo la necesidad de contar con herramientas de computación avanzada capaces de aumentar la toma de decisiones del combatiente en teatros operativos complejos. La meta del Ejecutivo es blindar la hegemonía digital del país frente a los avances cibernéticos de las potencias euroasiáticas.
La velocidad de la transición tecnológica ha sembrado profundas dudas éticas entre los altos oficiales de las fuerzas especiales, quienes manifestaron su cautela durante una conferencia anual celebrada en Tampa, Florida.
El almirante de la Marina estadounidense y jefe del Comando de Operaciones Especiales, Frank Bradley, advirtió que las tropas deben ser extremadamente cuidadosas al incorporar la IA en la entrega de letalidad. Bradley recalcó que, si bien los algoritmos automatizarán la selección de blancos en el futuro, los humanos deben retener la certeza absoluta de que la máquina administrará la violencia estrictamente en los puntos pretendidos.
