A una semana de los terremotos que sacudieron el centro-norte de Venezuela y dejaron una profunda tragedia humana y material, aun quedan numerosas preguntas sobre las causas geológicas del fenómeno, el comportamiento de las edificaciones y los riesgos que aún enfrenta el país.
JRV: ¿Es la primera vez que Venezuela registra un doblete sísmico de esta magnitud en la historia reciente?
FS: Sí, si tomamos como referencia el último siglo, efectivamente estamos frente al primer doblete sísmico registrado en Venezuela. Sin embargo, si ampliamos la mirada histórica, encontramos un antecedente mucho más antiguo: el terremoto de 1812.
Desde que inicié mi carrera como geólogo aprendimos que, por la enorme extensión de los daños ocasionados en aquel evento de 1812, resultaba muy difícil explicar la destrucción mediante un único epicentro. Ya entonces algunos investigadores sostenían que pudo tratarse de un evento multifocal, incluso se hablaba de un posible «triplete sísmico». Doscientos catorce años después volvemos a observar un fenómeno semejante como el que pasó el 24 de junio.
JRV: Afirman que estos grandes terremotos ocurren cada cien años. ¿Existe realmente una periodicidad que permita hacer esa afirmación?
FS: No. Esa es una idea muy extendida, pero científicamente sin evidencia. Hoy la geología no dispone de métodos capaces de predecir con precisión cuándo ocurrirá un terremoto. Los programas de predicción sísmica no existen.
Países como Japón han invertido durante décadas enormes recursos económicos intentando desarrollar sistemas de predicción, sin éxito. Lo que sí conocemos son los llamados períodos de retorno, que representan intervalos estadísticos aproximados en los cuales una determinada falla (una grieta activa en la corteza terrestre) puede generar nuevamente un terremoto importante. En Caracas, por ejemplo, ese intervalo puede oscilar entre 40 y 80 años, pero nunca significa que un sismo vaya a ocurrir exactamente dentro de ese plazo.
JRV: ¿Cuáles fueron las principales diferencias entre el terremoto de Caracas de 1967 y los sismos ocurridos el pasado 24 de junio?
FS: La diferencia fundamental fue la enorme cantidad de energía liberada. Yo viví personalmente el terremoto de 1967 siendo un niño y puedo afirmar que aquel evento nunca alcanzó la energía que produjo este doblete sísmico.
En esta ocasión prácticamente se superpusieron dos terremotos separados por apenas unos segundos. Esa combinación hizo que las ondas sísmicas incrementaran considerablemente la excitación que recibieron numerosas edificaciones. Además, hoy existe una realidad urbana completamente distinta: hay muchas más edificaciones de gran altura.
JRV: Usted ha señalado que el principal protagonista de esta tragedia fue el suelo. ¿Qué significa exactamente esa afirmación?
FS: Las observaciones preliminares realizadas en campo indican que, en numerosos casos, el problema principal no estuvo inicialmente en la estructura del edificio sino en el comportamiento del terreno donde estaba construido.
Muchos suelos sufrieron procesos de degradación durante el terremoto: perdieron temporalmente su capacidad para sostener las edificaciones. Como consecuencia, algunos edificios terminaron inclinándose o colapsando porque el terreno dejó de brindarles el soporte necesario. Esa es una diferencia muy importante desde el punto de vista científico, porque obliga a estudiar no solamente las estructuras sino también las características geológicas del suelo.
JRV: Ambos sismos ocurrieron a una escasa profundidad, entre 10 y 21 kilómetros. ¿Cómo influye esa condición en la intensidad de los daños?
FS: La profundidad es uno de los muchos factores que intervienen en un terremoto, aunque no explica por sí sola la magnitud de la destrucción. En Venezuela la mayoría de nuestros sismos ocurren precisamente a profundidades relativamente superficiales debido a que nuestro sistema tectónico es distinto al de países como Chile, Perú o Colombia.
En realidad, cuando analizamos los daños debemos considerar simultáneamente decenas de variables: magnitud, profundidad, distancia al epicentro, comportamiento del suelo, calidad estructural de las edificaciones, uso de los inmuebles, sobrecargas y políticas de mantenimiento de edificaciones. Por eso ningún edificio puede analizarse aisladamente ni existe una única explicación para todos los colapsos.
JRV: Una de las mayores preocupaciones hoy son las réplicas. Usted ha explicado que podrían extenderse durante varios meses. ¿Qué podemos esperar?
FS: Nadie puede hacer predicciones sobre terremotos, pero sí podemos apoyarnos en la experiencia acumulada por la ciencia y en el comportamiento histórico de este tipo de eventos. Después de una liberación de energía tan importante como la que ocurrió con este doblete sísmico, lo normal es que la falla entre progresivamente en un proceso de estabilización.
Las réplicas forman parte de ese proceso natural. Pueden prolongarse durante dos, tres, cuatro o incluso cinco meses, aunque estadísticamente su frecuencia y su intensidad van disminuyendo con el paso del tiempo. Hacia el segundo o tercer mes suelen presentarse de manera mucho más espaciada.
JRV: Entre los edificios que colapsaron o sufrieron daños severos, ¿existía un patrón en cuanto a su antigüedad?
FS: Las observaciones preliminares permiten decir que había edificaciones de distintas épocas. Por sus características arquitectónicas, la mayoría parecían haber sido construidas entre las décadas de 1960 y 1980, es decir, inmuebles con aproximadamente cuarenta o cincuenta años de antigüedad.
Sin embargo, sería un error atribuir los colapsos únicamente a la edad de los edificios. Cada estructura tiene una historia distinta: depende de cómo fue diseñada, cómo fue construida, qué mantenimiento recibió durante décadas, qué modificaciones sufrió y, sobre todo, sobre qué tipo de suelo estaba asentada. Cada caso deberá investigarse individualmente antes de sacar conclusiones definitivas.
JRV: ¿Qué ocurre hoy con la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis)? En sus redes sociales muestra fotografías de dos sujetos presos en una cárcel de New York: Maduro y Cilia Flores…
FS: Esa es precisamente otra de las grandes interrogantes que tenemos. Yo mismo quisiera conocer con mayor claridad cuál es la situación institucional actual de Funvisis, cuál es su capacidad operativa y cuáles son los recursos humanos y técnicos con los que realmente cuenta para afrontar una emergencia de esta magnitud.
Este terremoto evidencia la necesidad de recuperar el tejido científico y técnico del país. Venezuela necesita fortalecer nuevamente sus instituciones de investigación, sus universidades, sus organismos especializados y la capacidad técnica de alcaldías y gobernaciones. Funvisis fue un instituto de referencia en investigación científica en América Latina, pero como usted señala hoy en sus espacios digitales públicos muestra fotografías de las personas que menciona. Parece que es dirigida por un militar.
JRV: Más allá de la explicación científica, hay una dimensión profundamente humana de esta tragedia. ¿Qué magnitud estima que puede tener esta catástrofe en términos de víctimas?
FS: Lo primero que debe atenderse es el drama humano. He conversado con familiares de las víctimas y es una situación profundamente triste. Muchas familias viven una tragedia doble: perdieron a sus seres queridos y, además, muchos de sus hijos o familiares están en el exterior, en Colombia, Perú, Chile o Estados Unidos, y ni siquiera pueden regresar para despedirse de sus padres. Esa es una realidad muy dolorosa.
Ahora mismo la prioridad es concluir las labores de búsqueda, recuperar e identificar los cuerpos, entregarlos a sus familiares y permitirles darles una sepultura digna. Aún mantengo la esperanza de que pueda aparecer alguna persona con vida, aunque ya estamos en una etapa en la que esa posibilidad es muy remota.
En cuanto al número de víctimas, todavía es prematuro ofrecer una cifra definitiva. Sin embargo, mi estimación preliminar es que el saldo podría ubicarse entre 8.000 y 10.000 fallecidos, lo que convertiría este terremoto en la mayor tragedia sísmica de la historia reciente de Venezuela, muy por encima de los eventos de 1967 y de Cariaco en 1997.
JRV: ¿Qué viene ahora para los geólogos venezolanos y qué investigaciones deberían desarrollarse después de este terremoto?
FS: Lo que viene es un enorme trabajo científico y técnico. Será indispensable documentar cada edificio afectado, estudiar el comportamiento de los distintos tipos de suelo, revisar el desempeño de las fundaciones y analizar el cumplimiento de las normas sismorresistentes para entender por qué unas estructuras resistieron mientras otras colapsaron.
Este terremoto debe convertirse en una oportunidad para aprender. Todos los grandes sismos dejan lecciones que terminan mejorando las normas de construcción, los estudios geotécnicos y la planificación urbana. El mayor homenaje que podemos rendirles a las víctimas es utilizar todo el conocimiento que obtengamos para reducir el riesgo y evitar que una tragedia semejante vuelva a repetirse en Venezuela.
