Con información de DW.
La petrolera estadounidense Chevron ha despachado una flota de al menos once buques cisterna con destino a los puertos estratégicos de José y Bajo Grande en Venezuela.
Esta movilización representa un incremento en la carga de crudo en comparación con el mes anterior, consolidando a la empresa como el principal operador con autorización de Washington en suelo venezolano.
Mientras los activos de Chevron operan bajo estrictas licencias de exportación, el panorama para otros actores internacionales es de incertidumbre:
Según reportes de Bloomberg, al menos doce embarcaciones que se dirigían a Venezuela tuvieron que desviar su ruta o dar media vuelta debido a la fuerte presencia de la Armada de Estados Unidos en el Mar Caribe.
Un portavoz de Chevron subrayó que la compañía se mantiene operando en total conformidad con las leyes vigentes, priorizando la seguridad de sus empleados y activos ante el complejo panorama político.
Interés corporativo y control de activos
El despliegue de Chevron ocurre en un contexto donde el presidente Donald Trump ha sido enfático en su intención de que las empresas estadounidenses recuperen y controlen la infraestructura petrolera del país.
Gigantes del sector como ExxonMobil también han manifestado interés en participar en la reactivación de la industria bajo la nueva supervisión estadounidense, viendo en Venezuela una oportunidad única para asegurar el suministro de crudo de alta calidad y expandir su influencia en la región.

