Con información de EFE.

La candidata de centroderecha Keiko Fujimori logró el margen de votos suficiente para ganar la segunda vuelta presidencial de Perú y consolidar su victoria en las urnas. El desenlace definitivo se destrabó luego de que los tribunales electorales rechazaran por improcedente la solicitud de su rival izquierdista, Roberto Sánchez, de anular el voto de los peruanos en el exterior. Con este dictamen judicial, la líder de Fuerza Popular se prepara para asumir el mando de la nación para el periodo constitucional 2026-2031.

Los capitales oficiales de la ONPE, al alcanzarse el 99,8% del escrutinio general, otorgan a Keiko Fujimori el 50,11% de los sufragios válidos. Por su parte, el candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, se quedó en el sótano con el 49,88% de las papeletas electrónicas. La insalvable brecha matemática se fijó en una ventaja de 43.386 votos a favor de la hija del expresidente Alberto Fujimori, restando únicamente 191 actas observadas por contabilizar en los talleres principales.

El Jurado Electoral Especial de Lima Centro 2 desestimó la apelación de la izquierda argumentando que la solicitud de nulidad fue presentada de forma extemporánea y sin el pago de las tasas arancelarias obligatorias. En respuesta, Sánchez —quien postuló en nombre del encarcelado exmandatario Pedro Castillo— denunció la existencia de un fraude en desarrollo debido a supuestas irregularidades en el transporte físico de las actas desde los consulados, afirmando que no reconocerá bajo ninguna circunstancia el gobierno de Fujimori.

La organización civil Transparencia rechazó tajantemente las acusaciones de fraude sin evidencias, ratificando que sus misiones de observación en diez ciudades del extranjero no hallaron anomalías que comprometan la jornada. La proclamación oficial del veredicto por parte del JNE se emitirá a más tardar a mediados de julio.

De confirmarse el triunfo en las pizarras, el fujimorismo retornará al poder 26 años después de la renuncia por fax de Alberto Fujimori desde Japón, heredando una nación fatigada que ha tenido ocho presidentes en una década.