Con información del Diario las Américas.
El sistema migratorio de Estados Unidos se prepara para un cierre sin precedentes que impactará la vida de millones de personas alrededor del mundo. La decisión de la administración Trump de suspender, a partir del 21 de enero, la tramitación de residencias permanentes («Green Cards») para ciudadanos de 75 naciones ha levantado un muro burocrático que amenaza con separar familias y frenar el flujo de talento global hacia la potencia norteamericana.
El impacto de esta directriz se sentirá con fuerza desproporcionada en América Latina. Ciudadanos de Colombia, Cuba, Nicaragua, Guatemala, Brasil, Haití y Uruguay verán paralizadas sus aspiraciones de establecerse legalmente en EE. UU.
La medida, que también afecta a naciones como Rusia, Pakistán y Nigeria, coloca a los solicitantes en un limbo jurídico indefinido: aunque podrán presentar papeles, sus procesos no avanzarán, congelando sus proyectos de vida.
Más allá de la burocracia, la medida institucionaliza una barrera económica insalvable. Bajo la estricta aplicación del criterio de «carga pública», el gobierno estadounidense reetiqueta a los inmigrantes de estos países como potenciales «riesgos financieros», desestimando el aporte humano y laboral. Organizaciones legales advierten que esto criminaliza la pobreza y contraviene el espíritu de acogida, dado que servicios básicos de salud o nutrición ahora podrían ser causales de exclusión.
Efecto acumulativo y aislamiento Esta suspensión no es un hecho aislado, sino la pieza final de un engranaje de restricción masiva que ha transformado la demografía del país en tiempo récord:
- Refugio desmantelado: La reducción del límite de refugiados a un mínimo histórico de 7.500 plazas anuales cierra la puerta humanitaria.
- Deportaciones masivas: Con más de 600.000 deportaciones y casi 2 millones de salidas voluntarias en el último año, el clima es de hostilidad creciente.
- Turismo y eventos en riesgo: Aunque la medida no afecta técnicamente a visas de turismo, el ambiente restrictivo ya proyecta sombras sobre eventos como el Mundial de Fútbol 2026. Aficionados de países con prohibiciones totales de viaje, como Irán o Haití, ya tienen la entrada vetada, mientras que naciones tradicionalmente aliadas (Chile, Francia, Japón) podrían enfrentar nuevos escrutinios invasivos, incluyendo revisiones de redes sociales.

