Con información de EFE.

En un movimiento táctico de alta relevancia, el Pentágono ordenó el despliegue de 2,000 paracaidistas de la División Aerotransportada hacia Oriente Medio. Esta fuerza de despliegue rápido, capaz de movilizarse en menos de 18 horas, busca ampliar las opciones estratégicas del presidente Donald Trump ante el conflicto con Irán. Aunque han surgido rumores sobre posibles operaciones en instalaciones petroleras iraníes como la isla de Kharg, la ubicación exacta de las tropas se mantiene bajo reserva.

Este despliegue militar coincide con la toma de posesión de Markwayne Mullin como nuevo Secretario de Seguridad Nacional. Mullin, quien sustituye a la cesada Kristi Noem, juró su cargo este martes ante la fiscal general Pam Bondi en el Despacho Oval. El nuevo secretario asume el liderazgo en medio de una crisis de financiamiento del departamento (DHS) que ha provocado falta de personal en aeropuertos y tensiones operativas en las fronteras.

La situación diplomática entre Washington y Teherán es contradictoria. Mientras el presidente Trump mencionó avances productivos en supuestas negociaciones, el gobierno iraní ha negado diálogos directos, aunque admite haber recibido mensajes a través de mediadores.

No obstante, Trump anunció una tregua de cinco días en los ataques a la infraestructura eléctrica iraní, condicionada al desbloqueo del estrecho de Ormuz, punto crítico para el suministro mundial de petróleo.

A pesar de la presión militar, la opinión pública estadounidense muestra una resistencia significativa a una intervención terrestre. Según sondeos recientes de Reuters e Ipsos, el 55% de los ciudadanos se opone al despliegue de tropas en suelo iraní, y solo un 7% respaldaría una movilización de gran escala. Esta resistencia interna añade una capa de complejidad política a las decisiones del gobierno mientras la guerra entra en su cuarta semana de hostilidades.