Con información de EFE 

El expresidente estadounidense Donald Trump volvió el martes al tribunal de Nueva York donde se celebra el juicio por fraude en la Organización Trump, en el que está acusado, y repitió sus quejas de que es injusto e interfiere con sus aspiraciones presidenciales.

Estaba previsto que testificara el antiguo abogado personal del empresario, Michael Cohen, que es ahora uno de sus mayores enemigos, pero este pospuso su declaración por un problema de salud, por lo que el contenido de la sesión fue el habitual: analizar cifras, tablas o correos.

Según medios locales, testificaron una contable de la empresa, que dijo que el exjefe financiero Allen Weisselberg la instó a omitir cifras en un informe de una propiedad para incrementar su valor, y un antiguo ejecutivo de una inmobiliaria, que señaló las discrepancias entre las valoraciones que hizo y las de la empresa.

Esas valoraciones están en el centro de este caso civil: la Fiscalía acusa a Trump, dos hijos y dos ejecutivos de la Organización Trump de inflar el valor de los activos durante años para obtener condiciones favorables con bancos y aseguradoras, y por ello le exige 250 millones de dólares en daños. Trump acudió a la sala por cuarta vez tras asistir los tres primeros días del juicio -que comenzó el 2 de octubre- y decidió quedarse pese a la baja de Cohen, aprovechando para quejarse ante los medios de que el proceso judicial importuna sus planes para regresar a la Casa Blanca.

La fiscal Letitia James, que también estuvo presente y a la que Trump llamó “incompetente”, también se dirigió a los medios para redoblar sus argumentos: que el imperio inmobiliario del expresidente se alza “sobre mentiras” y que está segura de que ganará el juicio, algo que no está en manos de un jurado, sino de un juez.

A diferencia de su anterior visita, en la que arremetió contra el juez Engoron, y de la que se llevó una “orden mordaza” que le impedía comentar sobre el personal del tribunal, Trump comentó que, respeta al magistrado, pero matizó que el Partido Demócrata “lo maneja como si fuera una máquina de pinball”.