Con información de El Nuevo Herald y EFE.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, adoptó una postura tajante respecto a la política exterior de su administración al afirmar que o bien habrá un acuerdo excelente con Irán, o bien no habrá acuerdo alguno. Las declaraciones presidenciales se emitieron en un contexto donde tanto Washington como Teherán han rebajado drásticamente las expectativas de un avance diplomático inminente para concluir una guerra que ya se extiende por tres meses. El mandatario republicano advirtió que si la República Islámica rechaza las condiciones, Estados Unidos tratará con la nación del Medio Oriente de otra manera.

Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, respaldó la estrategia de la Casa Blanca desde la base aérea de Nueva Delhi, asegurando que el presidente Trump no tiene prisa y bajo ninguna circunstancia firmará un mal acuerdo. El jefe de la diplomacia estadounidense explicó a los corresponsales de prensa que las negociaciones multilaterales continúan en marcha, atribuyendo el retraso del cierre del pacto —el cual se esperaba para el domingo— a las demoras burocráticas y estructurales que caracterizan al sistema interno de Teherán para emitir respuestas oficiales.

Rubio defendió la firmeza de la propuesta norteamericana, precisando que el borrador colocado sobre la mesa tiene la capacidad técnica de resolver la crisis del bloqueo marítimo, abrir los estrechos estratégicos e iniciar una negociación real y limitada en el tiempo sobre las capacidades nucleares iraníes. Asimismo, el secretario de Estado buscó neutralizar las duras críticas de senadores de su propio Partido Republicano, quienes tildaron el proyecto de error desastroso, asegurando que el plan de la Casa Blanca cuenta con un fuerte respaldo internacional por parte de las potencias del Golfo Pérsico.

Por otro lado, el funcionario diplomático aclaró que el conflicto bélico en el Líbano se está gestionando por una vía de negociación independiente, donde actualmente rige un alto el fuego provisional de 45 días con contactos diarios entre los gobiernos israelí y libanés. Rubio concluyó su alocución condenando enérgicamente las declaraciones del grupo chií Hezbolá que instaban a derrocar al Ejecutivo de Beirut. El secretario de Estado catalogó a la milicia armada como un proxy de interferencia iraní al cien por cien dedicado a desestabilizar la región antes de emprender su viaje oficial hacia el Taj Mahal.