Con información de DW.

Un incendio de grandes proporciones en el suroeste de Florida ha consumido ya más de 700 hectáreas, provocando el desalojo de miles de ciudadanos en el área de la autopista I-75.

Según el Servicio Forestal del estado, las labores de extinción han logrado contener el 60% del fuego, aunque las cuadrillas de emergencia deben trabajar ininterrumpidamente durante la noche para evitar que las llamas sigan avanzando hacia zonas residenciales.

Las condiciones meteorológicas han jugado en contra de los bomberos, ya que las intensas ráfagas de viento han facilitado la rápida propagación del incendio. Las autoridades han instado a los residentes ubicados al sur de la carretera interestatal, cerca de la costa oeste, a mantenerse alerta y reportar de inmediato cualquier nuevo foco. Helicópteros especializados están realizando descargas constantes de agua para sofocar los puntos más críticos del siniestro.

Este desastre ocurre en un contexto de vulnerabilidad ambiental, apenas dos meses después de que otro incendio devorara 10,000 hectáreas en la misma región. Aquel evento previo forzó el cierre de «Alligator Alley», la ruta principal que atraviesa los humedales de los Everglades.

La recurrencia de estos incidentes subraya la fragilidad del ecosistema frente a la sequía extrema que azota al sur de Florida este año.

Los expertos forestales advierten que la actual temporada es una de las más agresivas de la historia reciente debido a una combinación letal de falta de lluvias y heladas pasadas que secaron la vegetación. El terreno se ha convertido en combustible altamente inflamable, lo que mantiene en vilo a las comunidades locales y a las autoridades de gestión de desastres.