Con información de Infobae.

Cerca de 50 jefes de Estado y de Gobierno se congregan en Belém, Brasil, para una cumbre sobre el cambio climático, buscando reafirmar el compromiso global frente a la crisis ambiental. El encuentro, que antecede a las negociaciones anuales de la ONU (COP), se desarrolla en un contexto desafiante, destacando la ausencia de Estados Unidos.

El presidente Donald Trump, que ha tildado la ciencia climática como ”una estafa”, decidió no enviar ninguna delegación a la reunión. El primer ministro británico, Keir Starmer, y el presidente francés, Emmanuel Macron, sí asisten, mientras que China e India enviaron representantes de menor rango.

Brasil, como anfitrión, busca que la cumbre sirva para reafirmar la voluntad internacional más que para alcanzar acuerdos concretos. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva enfatizó: “Basta de hablar, ahora tenemos que implementar lo que ya discutimos”. Lula impulsa la creación de un fondo global para recompensar a los países tropicales por la protección de sus selvas y pide priorizar la adaptación al cambio climático.

El contexto es complejo. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirtió que el objetivo de limitar el aumento de la temperatura a 1.5 °C está “fuera de alcance”, ya que las estimaciones indican que el calentamiento podría alcanzar 2.5 °C para finales de siglo, incluso si se cumplen los compromisos actuales.