Con información de DW.

La cifra de fallecidos por los terremotos del 24 de junio en Venezuela aumentó a al menos 3,342 personas, según el último reporte emitido por el gobierno interino. El doble sismo de magnitudes 7.2 y 7.5 ha sumido al país en una profunda tragedia que ya deja además un saldo confirmado de 16,740 heridos, mientras que las agencias oficiales continúan sin ofrecer un balance sobre el número total de desaparecidos.

Ante la paulatina retirada de los grandes contingentes internacionales, los familiares y voluntarios locales han asumido por completo el liderazgo en la búsqueda de sobrevivientes. En las ruinas de La Guaira, la región más devastada, grupos civiles remueven manualmente los pesados bloques de concreto en un intento desesperado por localizar a los ciudadanos que se presumen siguen sepultados bajo las estructuras de los edificios colapsados.

La respuesta civil ha sumado apoyos de sectores inesperados, como un grupo de mineros que aportó maquinaria pesada para destapar accesos subterráneos en Catia La Mar. Gracias a sus esfuerzos coordinados se han logrado recuperar cuerpos de estacionamientos completamente aplastados por el colapso de las plantas superiores, mientras que voluntarios militares de permiso apoyan la remoción de escombros en torres residenciales con grúas donadas por vecinos de la zona.

El drama humano se extiende de forma alarmante hasta los camposantos de la región costera, donde periodistas constataron que más de 150 cuerpos sin identificar ya han sido sepultados en fosas individuales del cementerio La Esperanza. Cada tumba está marcada únicamente por una cruz blanca con la inscripción «Identificación especial», mientras que en Caracas y Maracaibo cientos de estudiantes y activistas realizaron emotivas vigilias con velas en honor a las víctimas.