Con información de EFE.
La administración de Donald Trump impuso un nuevo paquete de severas sanciones financieras contra Cuba, apuntando directamente a Fidel Ernesto Castro Calis, nieto del expresidente Raúl Castro, y al Banco Exterior de Cuba. El secretario de Estado, Marco Rubio, justificó la medida asegurando que refleja «la visión inquebrantable del presidente Trump de una Cuba libre».
El banco estatal sancionado se especializa en comercio exterior y transacciones internacionales, lo que representa un duro golpe a la ya fracturada economía de la isla. Además, el Departamento del Tesoro castigó a varias empresas energéticas bajo el argumento de que sus operaciones únicamente benefician a la cúpula militar y gubernamental cubana.
En respuesta, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, calificó las medidas de Washington como una «agresión cruel y despiadada», acusando al gobierno estadounidense de aplicar castigos colectivos diseñados milimétricamente para inducir una crisis humanitaria. Rodríguez exigió el levantamiento del bloqueo, afirmando que su país solo desea desarrollarse en paz.
Estas acciones forman parte de la agresiva estrategia de máxima presión que Estados Unidos mantiene sobre La Habana, la cual se ha intensificado desde la captura de Nicolás Maduro en enero. Estas medidas buscan asfixiar los ingresos del gobierno insular y forzar drásticos cambios políticos, prohibiendo cualquier transacción financiera con los sancionados y congelando sus bienes bajo jurisdicción estadounidense.
