Con información de EFE.

Las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos ejecutaron este lunes una serie de «ataques en defensa propia» en la región del sur de Irán, dirigidos de forma selectiva contra sitios de lanzamientos de misiles y flotas de embarcaciones. El portavoz del Comando Central (Centcom), Timothy Hawkins, confirmó que la incursión militar se activó bajo el amparo legal de la legítima defensa con el propósito de proteger a las tropas norteamericanas. De acuerdo con los informes de inteligencia, las fuerzas navales neutralizadas intentaban desplegar minas submarinas e instalar baterías de artillería orientadas hacia los aviones de combate estadounidenses.

El presidente estadounidense, Donald Trump, había otorgado previamente autorizaciones expresas para responder con contundencia a cualquier provocación militar en torno a la estratégica vía fluvial. A pesar del estallido de las detonaciones, la Casa Blanca aclaró que los mandos del Centcom mantienen una postura de contención en el marco del alto el fuego provisional que rige en el golfo Pérsico. Los bombardeos costeros se ejecutaron de forma paralela a los intensos contactos diplomáticos que sostienen ambas potencias para estructurar un tratado definitivo que ponga fin a un conflicto que ya se extiende por tres meses.

Las filtraciones provistas por los despachos de Washington señalan que el borrador del pacto internacional contempla la reapertura inmediata del estrecho de Ormuz y el levantamiento de las sanciones económicas, posponiendo el dossier del desarrollo atómico para una fase de negociación posterior. Esta concesión política ha desatado severas críticas por parte de influyentes senadores del Partido Republicano. Para apaciguar las tensiones en el Congreso, Trump aseguró de forma tajante a través de sus plataformas de Truth Social que la República Islámica de Irán jamás obtendrá un arma nuclear y que sus reservas de uranio enriquecido serán entregadas a EE. UU. para su destrucción.

El impacto económico de la escaramuza militar generó volatilidad en los mercados energéticos globales, dado que por el Estrecho de Ormuz se moviliza cerca del 20% del crudo consumido a nivel mundial. El barril de petróleo WTI cotizó alrededor de los 91,25 dólares, reflejando una leve recuperación tras la intervención del Pentágono. Los analistas financieros advierten que, si bien los inversionistas internacionales apuestan por la firma inminente de un armisticio conducido por el secretario de Estado Marco Rubio, cualquier ruptura en los canales de diálogo provocará un repunte drástico en las tarifas de los combustibles.