El gobernador de Texas, Greg Abbott, autorizó el jueves a las fuerzas de seguridad estatales a detener y transportar a migrantes a la frontera con México, asumiendo facultades de los agentes federales y probando los límites jurídicos en su intento de disminuir el número de cruces ilegales, reseña swissinfo. 

El gobierno federal es el responsable de hacer cumplir las leyes de inmigración, pero, durante más de un año, Texas ha patrullado la frontera con mano cada vez más dura.

El republicano Abbott no fue tan lejos como para autorizar a los policías de Texas ni a los miembros de la Guardia Nacional a que lleven a los migrantes a través de los puertos de entrada para dejarlos en México, decepcionando a exfuncionarios del gobierno de Donald Trump, que durante meses han presionado a Abbott para que declare que hay una “invasión” en marcha y les ordene a las fuerzas estatales sacar por la fuerza a los migrantes del país.

Pero la medida de Abbott sigue siendo una expansión significativa de los poderes normales de la Guardia Nacional y la policía estatal, que hasta ahora han entregado a los migrantes a agentes de la Patrulla Fronteriza, y en algunos casos han cumplido arrestos bajo cargos estatales de invasión de propiedad privada.

También genera interrogantes sobre el entrenamiento con que cuentan para detener y transportar a migrantes, y probablemente enfrente impugnaciones en las cortes. Los cruces ilegales se encuentran en su nivel más alto o cerca de él de las últimas dos décadas. En la frontera de Texas, las autoridades federales impidieron 523.000 cruces ilegales entre enero y mayo, un incremento en comparación con los 417.000 cruces de ese mismo periodo hace un año.

Abbott ha culpado de todo eso al gobierno del presidente Joe Biden y ha gastado más de 3.000 millones de dólares de fondos estatales en un mecanismo masivo de seguridad fronteriza pero la operación estatal no ha detenido el flujo de migrantes.