Con información de La Vanguardia.
Durante el Desayuno Nacional de Oración, Donald Trump proclamó que «la religión está de vuelta» ante una audiencia que incluía al presidente de El Salvador, Nayib Bukele. El mandatario aseguró que los templos han recuperado su afluencia habitual tras las restricciones impuestas durante la pandemia de covid. En su intervención, aprovechó para fustigar a los demócratas, alegando sin pruebas que maltrataron a los ciudadanos creyentes durante los años de confinamiento sanitario.
El punto central de su alocución de hora y media fue el anuncio de un evento masivo en la capital estadounidense. El próximo 17 de mayo de 2026, se llevará a cabo una jornada de oración y lectura en el National Mall, el espacio que se extiende desde el Capitolio hasta el monumento a Lincoln. Con este acto, el presidente busca «volver a consagrar a la nación como una sola bajo el mandato de Dios», reforzando el simbolismo del Juramento de Lealtad en la vida pública y escolar.
Trump mantuvo un tono polarizador al cuestionar la compatibilidad entre la fe cristiana y la afiliación al partido opositor. Sentenció que le resulta inexplicable que una persona de fe pueda votar por los demócratas, a quienes acusó nuevamente de realizar trampas en los procesos electorales. Estas palabras provocaron reacciones de rechazo y gritos de protesta entre algunos legisladores presentes, evidenciando el uso de la religión como una herramienta de confrontación política y electoral.
Desde su ascenso político en 2016, el líder republicano ha integrado el cristianismo en su plataforma de manera estratégica para consolidar el apoyo de los sectores evangelistas. Tras sobrevivir a un intento de asesinato recientemente, el mandatario ha elevado su retórica al afirmar que su vida fue preservada por la «gracia de Dios Todopoderoso» para cumplir la misión de salvar al país. Esta narrativa lo posiciona ante sus seguidores como un líder providencial en medio de un discurso nacionalista.
Finalmente, su segundo mandato se ha caracterizado por medidas institucionales como la creación de la Oficina de la Fe y comisiones para detectar amenazas al cristianismo. En el evento, anunció que el Departamento de Educación emitirá nuevas directrices para garantizar el derecho a rezar en las escuelas públicas de todo el país. Trump vaticinó futuras batallas legales contra estas normativas, pero insistió en que su administración se impondrá en la lucha por devolver la presencia religiosa a la esfera social.
